El lenguaje como transmisor de elementos culturales

Por fin llegó el fin de semana, y con el viernes también ha finalizado el curso de “Lenguaje e imagen no sexista”, ofertado en el marco del Plan de Formación para Personal Docente e Investigador de la Universidad de Málaga, con la Dra. Susana Guerrero Salazar como docente. Entre la documentación que nos ha presentado hemos contado con la “Guía orientativa  para el uso igualitario del lenguaje y de la imagen en la Universidad de Málaga”, que hemos trabajado especialmente. La guía está enfocada en el ámbito de la educación superior, pero muchas de sus orientaciones podrían hacerse extensibles a otros niveles educativos. Tras su lectura me animo compartir mis reflexiones sobre ella:

En primer lugar, es un manual muy completo, que comienza presentando el fundamento teórico del uso de un lenguaje igualitario, para proponer a continuación las alternativas correctas desde el punto de vista gramatical, expresando las mismas ideas en términos adecuados. Gracias a los numerosos ejemplos quedan recogidas, si no todas las posibles encrucijadas lingüísticas, una mayoría considerable para desenvolvernos en el ámbito universitario y académico. Desde mi punto de vista, acerca a los no lingüistas a los conceptos y estrategias específicas del área para poder llevar a cabo una práctica del lenguaje en consonancia a la expresión que se espera del profesorado de educación superior. De ahí que sea una herramienta imprescindible para facilitar la adecuada comunicación en el aula y fuera de ella.

Además, entendiendo que el lenguaje estructura el pensamiento, y a su vez éste, configura nuestras ideas y actitudes, motivando así nuestras acciones para dar forma a la realidad que nos rodea; es importante tratar de comprender su relevancia. Por poner un ejemplo visible de ello, en la misma medida que entender la estructura de la Lengua de Signos Española, es crucial para comprender aspectos concretos de la cultura propia de las personas signantes de nacimiento; desarrollar competencias comunicativas para realizar un correcto uso del lenguaje inclusivo y no sexista es vía de transformación social.

Dada la importancia que tiene, en primer lugar, visibilizar la presencia de las mujeres, y en segundo lugar, hacerlo de forma igualitaria, equiparando en dignidad sin sesgos sexistas; debería ser una premisa ética para el colectivo docente tomar conciencia de cada palabra que se emite y cada imagen o presentación que se expone al alumnado. Si se asume la responsabilidad como agentes transmisores de la cultura patriarcal en la que hemos nacido, nos sabremos microelementos clave para la deconstrucción de estereotipos de género. Desde esta perspectiva, la motivación por aprender a utilizar el lenguaje visibilizando, reconociendo y nombrando a las mujeres surgirá como algo natural. En cualquier caso, sería coherente que un centro exija a su personal docente, administrativo y de servicios, un uso igualitario del lenguaje, ya que cada pieza cuenta como representante de la institución que da techo a sus profesionales.

En definitiva, a día de hoy nombrar y representar a las mujeres de forma digna no es una opción alternativa, sino vehículo educativo para hacer avances en materia de justicia social. Con ello, ganamos todas las partes implicadas, y seguimos avanzando en nuestra tarea conjunta.

 

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